De Repente

viernes, febrero 17, 2006

Hoy toca poema, por aclamación popular, y porque ya tocaba:

De repente desperté.
El aire tenía una densidad extraña y
la luz
inundaba mis ojos como nunca lo había hecho.
De repente.
Al abrir la boca se me llenaba de pájaros o palabras,
y llegaban en torrentes hasta mi cerebro,
hasta mis ideas,
hasta las mismas entrañas de mi ser.
De repente.
Y el mundo ya no era el mundo que conocía,
y una especie de manto de otro color cubría los edificios,
el asfalto, los parques, los ríos, los coches,
las personas…
Y miré mis manos y se alargaban como para tocar el cielo y los sueños
de una vez por todas,
y se estiraban, cada vez más, y llegaban al cielo y a los sueños…
De repente.
Y salía a la calle y caminaba sobre algo como un océano,
y mis pies descalzos sentían el frío del agua salada.
Y ya no tenía miedo de nada,
e incluso me animaba a escalar más alto,
aferrado a la cumbre invisible con mis manos infinitas…
De repente.

Enrique Laso. Febrero 2006.

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