El embrión de la creación

martes, abril 08, 2008

¿Qué impulso hace que una idea se instale en nuestras cabeza y aparte por un tiempo el resto de pensamientos?
¿Cómo sucede? ¿Qué extraños y opacos mecanismos ponen en marcha nuestra capacidad creativa?
¿Cómo puede ser que un comentario, una imagen, una melodía o una frase suelta en un libro puedan acelerar de una manera tan fabulosa el proceso eléctrico que conmueve nuestras neuronas?
Desde hace algunos días vuelvo a sentirme arrebatado por una historia, vuelvo a notar cómo crece en mi interior el germen de una nueva novela.
Llueve en Madrid, llueve y mis pupilas reflejan los cerezos y los sauces que adornan el jardín de mi urbanización… pero casi no los veo. Sólo fija en mi mente una idea: el devenir de una mujer a lo largo de treinta años…
Tengo que ponerme a escribir.
Tengo que documentarme.
Adivino el proceso que me recluirá algunos meses: leer y leer, informarme, plasmar la idea original, desarrollarla; y luego escribir, escribir sin descanso, cinco, seis horas al día…
Luego tocará vaciarme a través del único resquicio que encontrará mi alma, esclavizada por este hueco desde la infancia: la escritura.
¿Cómo sucede? ¿Cómo puede ser?
¿Por qué mi memoria ha sido desplazada por un argumento, relegando mi presente, mi pasado y mi futuro?
¿Existo realmente?
Existe realmente el creador cuando se siente subyugado, alienado por completo, bajo la dictadura del proceso que impone dar a luz una nueva obra…

¿Por qué es tan maravilloso?

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